EL BUENISTA

 

bUENISMOBuenista  es la persona que tiene una mala conciencia de si mismo  y que  intenta lavar con el dinero de los demás,  o sea,  con el dinero de los ricos.  Así a él no  le tocarán su patrimonio porque rico, por definición,  es el que tiene más dinero que él .

No acepta que es un  egoísta,  que lo único que le importa   es su patrimonio y el de los suyos, dice que él quiere el bien de la humanidad, pero  que hay que empezar por los ricos de verdad.

Lo fundamental es que  se ha colocado al lado del bien y sus intenciones son buenas, por lo que  se considera dotado  de una superioridad moral y proclama  que él es bueno  y los demás, que siempre es la derecha, son los malos. Ante sus pequeñas tropelías ya se justificará.

La realidad es que el buenista, que apoya una ideología que ha producido la ruina económica en todos los países  en que se ha establecido,   ayuda menos a los demás que el que crea puestos de trabajo como el gran denostado por la izquierda Amando Ortega. Los hechos son tozudos y el que  los cubanos de Miami vivan mejor que los cubanos de La Habana no es una opinión, es una evidencia.

El buenismo en política es palabrería tanto si lo dice Zapatero    “mientras exista este mar de desigualdades persistirá  el terrorismo” o lo dice  el papa Francisco en Kenia  “la violencia, los conflictos y el terrorismo nacen de la pobreza y de la frustración” o  “la desigualdad económica es la causa de todos nuestros males”.

Ni la pobreza ni las desigualdades económicas fueron la causa de  la Revolución Francesa, entonces el país más próspero de Europa. Ni lo fue del  terrorismo de ETA en el País Vasco, la región más industrializada de España.  Ni de la Revolución cubana de 1958, entonces uno de los países más ricos de  América. Ni ahora lo es del terrorismo islamista ni de   la insurrección de Cataluña.

Tampoco es la causa del  subdesarrollo de los países árabes es  Occidente ya que llevan más de 70 años de independencia.  Ellos  han sido incapaces de alcanzar la modernidad adoptando   el liberalismo y la democracia, por no imitar  a esa civilización  europea   que tanto odian.

Tampoco funciona  el buenismo en política internacional. Creer en la legalidad y en la fuerza del derecho para mantener la paz es una utopía, es infantilismo, es confundir los deseos con la realidad.  Las guerras, nos enseña  la historia, se han producido  sobre todo por afán de poder. Tras la P G M, el Tratado de Versalles   creó la Sociedad de Naciones  y poco después empezó la Segunda Guerra Mundial. Al no haber un Tribunal Internacional con una fuerza ejecutiva que tendría que ser un ejército, la ONU es una fantasía, además de que los socios fundadores tienen derecho de veto.

Diferente al buenismo  es la caridad cristiana que consiste  en dar al que lo necesita sin que lo sepa nadie. Si se airea, no es caridad sino publicidad. Ayudar al que no tiene nada lo viene haciendo el Cristianismo desde hace 2.000 años

En España hace muchos años que nadie se muere de hambre, pero si existe, como en todas partes, mucha gente con severas dificultades económicas. Es función del Estado atenderlos cuando no llega la ayuda privada. El Estado ha de facilitar las condiciones  para que se creen puestos de trabajo y el que recibe ayudas de sus semejantes o del Estado, tiene la obligación de aceptar esos puestos de trabajo  y no vivir eternamente de las subvenciones.

Enrique Gómez Gonzalvo  2/09/2020 Referencia 277

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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