EL MOVIMIENTO INDEPENDENTISTA EN CATALUÑA

                               

Los profesores Francisco  Calafell y Jaime Bertranpetit de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, tras un estudio en el que analizaron  300.000 marcadores genéticos de 300 individuos procedentes de once comunidades autónomas españolas  concluyeron  que «el ADN de la población española es bastante homogéneo».  La región que más se aparta de la media no es Cataluña sino Extremadura, seguida de la Comunidad Valenciana y del País Vasco.

La convivencia ha existido en España  desde hace  más de 2.000 años.  La Reconquista fue posible porque el sentimiento de nación, de “nosotros” los españoles frente a “ellos” los árabes que nos habían invadido, era generalizado  y el nexo de unión consistía en  la religión y en el recuerdo del estado visigodo. Por eso,   unas fuerzas escasas y dispersas en el Norte de la Península lograron expulsar a los musulmanes, porque con ellos  estaban   los que habían quedado en la España ocupada. Esto  no lo consiguieron Marruecos, Argelia, Túnez, Mauritania, Egipto, Irán, Irak, Siria, Jordania, Libia, Líbano, que habían sido tan romanizados como España y que también habían sido ocupados por gentes venidas de Arabia.

 Por eso, porque todos eran españoles,  acudieron en 1212 a las Navas de Tolosa los reyes de Aragón, de Navarra y los Condes de Barcelona en auxilio del Rey de Castilla, para librar  la batalla más decisiva de la Reconquista contra los almohades que había llegado del desierto  para ayudar a sus hermanos musulmanes.

Todo iba bien, pero  a finales del XIX Sabino Arana comenzó a predicar el racismo en las provincias vascongadas de toda la vida  y Cambó y Prat de la Riva  el catalanismo, que no es más que una forma de supremacismo,  por el Ampurdán.

Inicialmente los separatistas eran muy pocos.  El mismo Cambó dijo en sus memorias “organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés y  los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio y es  que  los catalanistas  eran tan pocos que todos se conocían entre sí”.

En  la Guerra Civil Vizcaya y Guipúzcoa  estaban a favor de la República y Álava y Navarra  del Alzamiento. Franco retiró los conciertos a las provincias “rebeldes” y Adolfo Suárez los restauró. En cuanto a Cataluña estaba  dividida al 50 %,  como el resto de España,  siendo Barcelona  la provincia de España que más voluntarios aportó al ejército de Franco.

Durante la dictadura casi todos los catalanes eran franquistas, empezando por el Conde de Godó, porque económicamente en la “fabriqueta” les iba muy bien. Los independentistas eran considerados como gente del pasado.

En el País Vasco en los años 70 surgió un grupo terrorista, ETA, extraordinariamente violento. Llegó a cometer  más de 900 asesinatos y contaba con el apoyo del Partido Nacionalista Vasco, de lo que nunca se ha arrepentido  porque de ahí venía su influencia  y de ahí  recogía las nueces.

Durante la dictadura del general Franco el porcentaje de  catalanes que no se sentían españoles no pasaría del 15-20 % de la población en Cataluña y  algo menos, seguramente  en el País Vasco.

¿Qué ha ocurrido  para que   el porcentaje de independentistas haya llegado hasta el 40-45 %? ¿Qué ha pasado para que casi la mitad de la población de Cataluña se vea asediada, marginada, despreciada y silenciada? ¿Cómo es posible que haya allí dos comunidades  casi idénticas que no se soportan y que estén casi  en el umbral de la guerra civil?

No es Cataluña contra España, es Cataluña  contra Cataluña.

               Enrique Gómez Gonzalvo 7/10/2020 Referencia 515


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